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¿Cómo será la UE pospandémica?

Estos son los diez retos para una Europa en busca de la recuperación. 

 

Escenarios de futuro para la UE: resistir o transformarse

Pol Morillas, director, CIDOB

Si observamos la historia de la construcción europea, las crisis son motor de avance. Pero más que con grandes saltos adelante, la Unión Europea ha gestionado sus múltiples crisis saliendo del paso, pese a que estas hayan sido, en buena medida, existenciales.

La emergencia sanitaria, socioeconómica y política del coronavirus traerá pasos adelante en la Europa verde y digital. Los fondos del Next Generation EU son ambiciosos en cuantía y forma. Se han roto los tabús de la expansión fiscal y el endeudamiento común, que lastraron la recuperación hace una década. Y, en el plano sanitario, la Comisión Europea ha estirado sus escasas prerrogativas en salud para coordinar la adquisición y distribución de vacunas, pese a las dificultades de abastecimiento. Sin embargo, no se vislumbran cambios sustanciales en los esquemas institucionales ni en los tratados de la Unión tras esta crisis.

Cuando podamos echar la vista atrás, estos tiempos reflejarán un patrón de acción conocido: unas crecientes expectativas respecto al papel de la UE en el plano exterior (con una Europa geopolítica que hable el lenguaje del poder aunque le cueste practicarlo); unas reformas graduales, aunque sustanciales, hacia el interior (potenciación de la Europa verde y digital), y unas deficiencias institucionales y bloqueos en la toma de decisiones, derivados de una descafeinada Conferencia sobre el Futuro de Europa.

 

La vacuna pone a prueba la Europa geopolítica

Eduard Soler Lecha, investigador sénior, CIDOB

Antes de que estallase la pandemia, los líderes europeos ya se habían marcado como objetivo que la UE fuera más geopolítica. En 2021 la vacuna es poder. En poco más de doce meses hemos pasado de la diplomacia de las mascarillas a la geopolítica de las vacunas. La escasez, durante los primeros meses de pandemia, de elementos básicos de autoprotección y la dependencia del mercado chino han propiciado una discusión sobre la necesidad de aumentar la autonomía estratégica, acercar las cadenas de suministros y reindustrializar Europa. Con la vacuna, la UE ha recuperado terreno. Se ha posicionado dentro del reducidísimo grupo de actores con capacidad de innovación, producción y distribución de vacunas. Algunos de los integrantes de este selecto grupo, como Rusia, China y, en menor medida, India, se han lanzado a una carrera geopolítica para consolidar o aumentar sus áreas de influencia a través de contratos y donaciones. Por ahora, la UE no está por la labor. Todavía. Su prioridad es asegurar la cohesión interna y la vacunación de una población muy envejecida y, por lo tanto, especialmente vulnerable.

Entretanto, se configura la otra gran fractura geopolítica de la pandemia: la división entre los territorios con o sin acceso a la vacuna. Algunos de los que quedan fuera son vecinos cercanos de la UE y, aunque esta se ha adherido a los mecanismos distributivos a escala global como COVAX para paliar dicha desigualdad, esto añade un desafío adicional. La vieja idea de la “Europa fortaleza” puede adquirir un nuevo matiz: una fortaleza sanitaria.

 

Recuperación económica y social: ¿cuándo se notará el impacto de los fondos poscovid?

Marta Angerri, consultora

La economía se basa en la confianza y, de momento, el desarrollo de la pandemia no la genera. Las medidas impuestas al conjunto de los Estados miembros de la UE para hacer frente a la crisis sanitaria no han permitido coger el ritmo de crecimiento que se esperaba para este primer trimestre de 2021, a diferencia de China y Estados Unidos, donde la recuperación se acompaña de paquetes de estímulo económico. El problema en la UE radica, esencialmente, en la disfunción entre las medidas necesarias para afrontar la situación a corto y a largo plazo. A corto plazo, es más necesario que nunca un programa de ayudas directas a las empresas que contribuya a su supervivencia y a propiciar el crecimiento económico —ayudas que no se están dando de manera decidida en todos los países de la Unión—. A largo plazo, se sitúan los tan deseados fondos del Next Generation EU. Salvado el escollo del Tribunal Constitucional alemán, el despliegue efectivo de estos fondos en los diferentes países todavía tiene muchas sombras.

 

Aceleración verde: la recuperación pasa por un modelo más sostenible

Hannah Abdullah, investigadora sénior, CIDOB

Con el lanzamiento del Pacto Verde Europeo en diciembre de 2019, las preocupaciones ecológicas se situaban en el centro de la política interior de la UE. La crisis de la COVID-19 ha acelerado esta tendencia. En los últimos meses, una voluntad política sin precedentes y el poderío financiero de los fondos aprobados se han unido a la recuperación ecológica de Europa. El Reglamento sobre el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, la pieza central del paquete de estímulo Next Generation EU, por valor de 750.000 millones de euros, determina que los Estados miembros deben asignar al menos el 37% de sus planes nacionales de recuperación y resiliencia a acciones sobre el clima y la biodiversidad, y que todas las inversiones deben evitar un daño significativo a los “objetivos medioambientales” establecidos por la nueva taxonomía de las finanzas verdes de la Unión.

Para que el cambio a largo plazo no deje a nadie atrás, se necesita una transición justa e inclusiva, que aborde las injusticias estructurales que la pandemia ha dejado brutalmente al descubierto. El poder transformador de la agenda ecológica de la Comisión también dependerá de su alineación con la política exterior y de seguridad común. A su vez, el Green Deal solo mostrará resultados a escala planetaria si va acompañado de una diplomacia climática proactiva que empodere a la UE para forjar nuevas alianzas y predicar con el ejemplo.

 

La UE lidera la gobernanza del ciberespacio

Andrea García Rodríguez, investigadora, CIDOB

Durante los primeros meses de la pandemia, tanto los hospitales como los superordenadores europeos, que trabajaban en el desarrollo de una vacuna contra el virus, fueron víctimas de ciberataques. Por primera vez, en julio de 2020,  la UE impuso sanciones a individuos y entidades por ciberataques en suelo europeo. A finales de 2020, siguiendo la lógica de mejorar la ciberresiliencia, la Unión Europea revisó la  Directiva NIS (NIS2) para la seguridad de las redes y sistemas de información en su territorio, y propuso una nueva directiva de protección de las infraestructuras críticas. Pero el gran logro de la Unión en materia digital durante la pandemia ha sido el Digital Services Package, con medidas dirigidas a la lucha contra la desinformación (Democracy Action Plan), contra los monopolios digitales (Digital Markets Act) y contra el contenido ilícito en línea (Digital Services Act). Todo este paquete legislativo y de ciberseguridad proyecta a Bruselas más allá de sus fronteras. Así, sale de la pandemia como líder en la gobernanza digital, con la posibilidad de extender sus normas a otras partes del mundo y dirigir los esfuerzos globales en este sentido.

 

Hacia una ciudad más humana después de la pandemia

Eva Garcia Chueca, investigadora sénior, CIDOB

¿En qué medida esta coyuntura global puede contribuir a avanzar hacia ciudades más humanas, más cuidadoras? ¿Qué papel puede jugar la UE promoviendo este cambio? Estamos ante una oportunidad sin precedentes para reorientar el actual modelo urbano hacia una mayor responsabilidad social y medioambiental. Las propuestas políticas están encima de la mesa y algunos gobiernos urbanos ya están ensayando con ellas: desde la ciudad de los 15 minutos (París) o la liberación del espacio urbano de coches (Barcelona, Milán) hasta la promoción de vivienda social (Viena, Ámsterdam), entre muchas otras dentro y fuera de Europa.

Los fondos de recuperación Next Generation EU pueden aportar la inyección financiera necesaria para fortalecer los esfuerzos de las ciudades en repensar sus políticas a largo plazo hacia una mayor sostenibilidad. Es el momento de apostar por integrar una dimensión social a los planes de recuperación (tanto a nivel local como nacional), de conectar mejor la agenda social con la verde y la digital, y de reactivar el despliegue del pilar europeo de derechos sociales. Las ciudades pueden jugar un papel clave en la construcción de una Europa social para unas transiciones justas. Pero el reto supera sus capacidades y posibilidades de actuación. Avanzar hacia ciudades más humanas después de la pandemia es un escenario posible, para lo cual, será fundamental caminar conjuntamente.

 

Giro migratorio restrictivo en la Europa pandémica

Emmanuel Comte, investigador sénior, CIDOB

La pandemia ha servido de pretexto a los gobiernos para aumentar la presión sobre los migrantes. Tres cambios en el control migratorio han marcado a la UE desde la irrupción de la COVID-19. Primero, las restricciones a la movilidad afectaron no solo a los movimientos fuera del espacio Schengen, que colapsaron, sino también en su interior. En marzo de 2020, 18 de los 26 Estados del área de libre circulación restablecieron los controles de personas en sus fronteras, un récord. Segundo, la fiebre del aislamiento por la pandemia catalizó también la decisión británica de abandonar definitivamente el sistema de Dublín, lo que condujo a un Brexit duro en el campo migratorio, cuyas consecuencias aún no han aparecido en su totalidad. Tercero, la Comisión decidió, en medio de la pandemia, una política de devolución más rápida en las fronteras exteriores, y un aumento sustancial de los fondos destinados a la externalización de los controles migratorios a los países africanos y de Oriente Medio. En su reciente Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, la Comisión propone acelerar una primera revisión de los casos para desestimar aquellos con escasas posibilidades de acceso a un procedimiento completo y poder deportarlos rápidamente. Dado que muchas de estas políticas de restricción de la movilidad tienen, en realidad, poco que ver con la COVID-19, es probable que algunas de ellas estén aquí para quedarse.

 

La pandemia normaliza la extrema derecha

Carme Colomina, investigadora principal, CIDOB

La pandemia ha acelerado la normalización de la extrema derecha europea. Con estrategias y réditos electorales distintos, la irrupción de la COVID-19 ofreció al populismo de derechas una oportunidad para ampliar argumentario, aprovechar el ruido mediático de la desinformación y, en algunos casos, intentar hacerse con el monopolio de la protesta. Como el mapa de la extrema derecha europea es cada vez más heterogéneo, su reacción ante la pandemia también lo ha sido. Para los Demócratas de Suecia o los Verdaderos Finlandeses, las negociaciones políticas para la gestión de la pandemia fueron una oportunidad para su homologación como “fuerzas parlamentarias serias”, mientras que Marine Le Pen, en Francia, con su denuncia de las “mentiras de Estado” de Macron, o la beligerancia de Vox en España contra lo que califica de “abusos totalitarios” del Gobierno, han conseguido copar el espacio público de oposición a base de hurgar en el desgaste institucional. En Italia o los Países Bajos, en cambio, ha habido un reequilibrio de fuerzas entre las diferentes propuestas de extrema derecha, con un aumento de popularidad de Hermanos de Italia, y con la reorganización  entre el Partido de la Libertad de Geert Wilders (a la baja) y el Fórum por la Democracia de Thierry Baudet (al alza), sumando entre los dos su mejor resultado combinado, con un total de 29 escaños en el Parlamento neerlandés. También han subido en las encuestas la extrema derecha austríaca (FPÖ), el Partido Popular Danés, o CHEGA, en Portugal. Todo ello demuestra, como advierten Cas Mudde y Jakub Wondreys, que la derrota electoral de Donald Trump en plena ola de contagios en Estados Unidos fue más una excepción que una norma.

 

9 de mayo: se abre la discusión sobre el futuro político de la UE

Héctor Sánchez Margalef, investigador, CIDOB

La Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE), que arrancó el 9 de mayo, es un ejercicio deliberativo puesto en marcha por las instituciones europeas apoyándose en la ciudadanía. Pero, ¿es este un ejercicio necesario para el futuro de la Unión? La respuesta es sí. La UE necesita una reflexión estratégica que no esté ligada a los vaivenes producidos por las crisis. Con todo, a pesar de las limitaciones temáticas (en ningún caso podrá significar la reforma de los tratados) y temporales (la CoFoE debía desarrollarse en dos años, pero la COVID-19 la ha limitado a uno), los ciudadanos van a poder contar con otra oportunidad para expresar sus preferencias. La pandemia ha reforzado el apoyo a un modelo social y de empleo que proteja a los europeos, tal como indican los últimos Eurobarómetros. Los ciudadanos quieren el desarrollo y la implementación de la Europa social; casi la mitad de los consultados creen que la Unión debería tener un papel activo en asegurar la igualdad de oportunidades, el acceso al mercado laboral, unas condiciones laborales que garanticen una vida digna, así como una sanidad de calidad. Responder a estas preocupaciones está en manos de Bruselas y también de la Conferencia.

 

Más autonomía estratégica para el después de la pandemia

Pol Bargués-Pedreny, investigador principal, CIDOB

A principios de 2020, cuando la COVID-19 todavía no había perturbado Europa, los mandatarios europeos ya intuían unas relaciones internacionales crispadas y polarizadas, para las que la pandemia ha servido de catalizador. En este mundo más convulso e inestable, el objetivo de la UE es ser más autónoma en todas las áreas, tanto en los asuntos militares o de seguridad, como en energía, digitalización o economía, y así poder actuar estratégicamente. La Unión depende demasiado de los demás, de la capacidad militar de la OTAN, del liderazgo y el compromiso político de los Estados Unidos, del gas de Rusia, de la tecnología china o del control de los migrantes que ejerce Turquía, por citar algunos ejemplos. Así pues, ha pecado de timidez (en buena parte por la incapacidad de coordinarse internamente) y ha optado por el diálogo y la cooperación (en buena parte para aspirar a ser un poder normativo y ejemplar) en la resolución de crisis y conflictos que pedían asertividad. Las ventajas de una mayor autonomía estratégica que aporte más capacidad de liderazgo, poder e influencia son claras. Pero los riesgos también se insinúan: más acción y unilateralidad pueden comportar más tensiones y confrontaciones, resistencias, crisis y críticas, contradicciones y malentendidos, nuevas amenazas para el después de la pandemia.

Fuente: CIDOB/ESGlobal

 

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