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Guerra comercial China- USA. ¿Pierde Europa?

La bipolaridad USA- China parece encaminar a todo el resto de países a alinearse en uno u otro bloque. Esto incluye a Europa. Europa se enfrenta a ser un aliado de USA en esta bipolaridad o a encontrar una tercera vía que abra opción a las relaciones multilaterales.

En cualquier caso, este contexto geoestratégico afecta de lleno a las empresas asociadas de ATEGI. Por ello hemos recopilado algunos de los análisis actuales más interesantes al respecto.

En la primera parte se abordan las claves para entender la escalada de la guerra comercial, arancelaria y de divisas entre USA y China. En la segunda parte se describe el impacto de la misma en la economía y empresas europeas.

El problema es que esta escalada de la guerra comercial se produce en un contexto de grietas en la economía global

CNN

El crecimiento de China ya se ha desacelerado. Los controles de manufactura en todo el mundo han caído.

La actividad manufacturera estadounidense en julio se desaceleró al nivel más débil en casi tres años. Un indicador de la actividad del sector de servicios de EE. UU. que se observa muy de cerca disminuyó el lunes a un nivel no visto desde agosto de 2016.

Y los bancos centrales mundiales no tienen mucho espacio para compensar la crisis económica. Los costos por préstamos ya son extremadamente baratos. Bajarlos aún más no compensará directamente la incertidumbre comercial.

Los bancos centrales de Europa y Japón todavía tienen tasas de interés negativas. La Reserva Federal dio un repentino giro la semana pasada cuando recortó las tasas de interés por primera vez en casi 11 años.

“Los bancos centrales se están quedando sin balas”, dijo Kotok.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China siempre ha sido grave. Ahora está empezando a dar miedo 

China permitió que su moneda cayera bruscamente el lunes al nivel más bajo en más de una década. Y el país anunció que sus compañías han detenido las compras de productos agrícolas estadounidenses

El conflicto comercial ha alcanzado un nuevo nivel de seriedad que será difícil de revertir.

El riesgo es que la guerra comercial se acerque a un punto en el que cause una desaceleración económica severa o incluso una recesión.

Al profundizar sus posiciones, tanto Estados Unidos como China aumentan el riesgo de romper una economía que ya está comenzando a fracturarse. Cada escalada los acerca a una recesión y a un punto sin retorno.

“Tenemos una situación comercial que se está saliendo de los rieles”, escribió Peter Boockvar, director de inversiones de Bleakley Advisory Group, en una nota a clientes el lunes. “La política de utilizar los aranceles como una herramienta para abordar nuestros problemas legítimos con los chinos ha fracasado miserablemente”.

David Kotok, cofundador y director de inversiones de la firma de inversión Cumberland Advisors, dijo a CNN Business que “esta estúpida guerra de aranceles que estamos teniendo” aumenta el riesgo de una recesión.

“Las cosas están escalando y la escalada no ha terminado”, dijo Kotok.

La sensación de que la guerra comercial ha entrado en una nueva y más peligrosa fase se confirmó cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó oficialmente a China como manipulador de divisas. La noticia provocó mayores ventas en los mercados financieros mundiales y aumentó la especulación de que China podría tomar medidas aún más agresivas para devaluar su moneda.

“La creciente guerra comercial entre Estados Unidos y China ciertamente será mala para la economía estadounidense. Qué tanto es casi imposible de calcular”, dijo Art Hogan, estratega jefe de mercado de National Securities Corporation.

Hogan dijo que cuanto peor sea la guerra comercial, más rápido podría llegar una recesión a Estados Unidos.

“Históricamente, las recesiones ocurren como reacción a un error de política monetaria. Esta es la primera vez que tendríamos que lidiar con un error de cálculo de la política comercial”, dijo.

Muchos inversionistas y ejecutivos de negocios están de acuerdo con el deseo de la administración Trump de lograr que China juegue de manera justa en lo comercial. Las barreras comerciales no arancelarias de Beijing, incluidas las transferencias tecnológicas forzadas, han perjudicado durante mucho tiempo a las empresas estadounidenses.

Sin embargo, existe una creciente preocupación por el uso de aranceles por parte de Trump como una forma de obtener concesiones.

Trump sorprendió a Wall Street la semana pasada al anunciar planes para imponer un arancel del 10% sobre importaciones estadounidenses desde China valoradas en 300 mil millones de dólares.

China tomó represalias el lunes permitiendo que el yuan se moviera por encima de la relación psicológicamente importante de 7 a 1 frente al dólar estadounidense. El Banco Popular de China atribuyó la debilidad al “proteccionismo comercial y los nuevos aranceles a China”.

China insta a EE UU a frenar a su caballo al borde del precipicio, a retroceder en el camino equivocado y regresar a un camino racional y objetivo

(El Pais)

Estados Unidos y China emitieron el martes señales contradictorias. El primero denunció a su rival asiático ante el Fondo Monetario Internacional, un paso que no se atrevía a dar desde 1994. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, pidió al Fondo que “proceda a eliminar la ventaja competitiva injusta creada por las últimas acciones de China”. Se refería a la decisión de Pekín de devaluar su moneda a un nivel no visto en los últimos 11 años.

La maniobra de Washington encontró su respuesta inmediata en el Banco Popular de China (BPC), que tildó la denuncia estadounidense de “un acto caprichoso de unilateralismo y proteccionismo”. “[Esta decisión] debilita las normas internacionales y tendrá un impacto material en la economía global y las finanzas”, aseguró en un comunicado el banco central de la segunda potencia mundial que rivaliza con la primera.

Pero tras estas gruesas palabras, llegaron los síntomas de distensión. Al menos por el momento. Porque pese al duro discurso del BPC, el yuan se mantuvo el martes más o menos estable, revalorizándose unos pocos decimales, hasta cambiarse por 0,1417 dólares. Aún cotiza muy bajo, pero al menos no registró movimientos importantes. El BPC, además, anunció una fuerte emisión de deuda pública de 30.000 millones de yuanes (unos 3.780 millones de euros), una medida pensada para drenar liquidez y velar por la estabilidad de la divisa.

Aitor Méndez, analista de IG, no cree que esta decisión sea un intento de China por aliviar las tensiones con EE UU, sino “un movimiento para evitar problemas a su economía”. La situación es muy complicada para China, ya que aunque un yuan débil logre amortiguar el efecto negativo de los aranceles, también podría desencadenar una salida de capitales ya que no sería rentable invertir allí, un escenario indeseado por las autoridades de Pekín.

Goldman Sachs da por hecho que EE UU y China no serán capaces de resolver sus diferencias antes de las elecciones presidenciales de 2020, donde Donald Trump espera ser reelegido.

Los dirigentes de las dos potencias, señalan desde el banco, están adoptando una línea cada vez más dura. Fidelity cree el conflicto de esta semana “abre la puerta a una guerra de divisas” y eleva aún más la presión en el frente comercial.

Manipulador de divisas es una de las acusaciones preferidas de Trump desde la campaña electoral.

La utilizó también contra el Banco Central Europeo, por la depreciación sufrida por el euro y para criticar su laxitud monetaria. La devaluación de una divisa, como denuncia el republicano, les permite compensar el impacto de los aranceles y así poder rebajar el valor de sus exportaciones para que sean más competitivas. Sin embargo, hasta este lunes no se había realizado una acusación formal contra China.

El Tesoro de EE UU publica cada seis meses un informe en el que analiza las políticas cambiarias de sus socios comerciales. Lo viene haciendo desde hace dos décadas. El más reciente es de mayo pasado. El documento insiste en que la Administración que preside Trump está trabajando “activamente” para desmontar las barreras al comercio. Eso, señala, incluye “combatir prácticas injustas” en las divisas.

El documento ya indicaba que “estaba siguiendo muy de cerca” el desarrollo del tipo de cambio chino y señalaba que se había depreciado un 8% durante el último año. También acusaba una “falta de transparencia” por parte del banco central chino respecto a las intervenciones que hace en mercado. Y denunció el recurso por parte de Pekín a subsidios y otras prácticas económicas que distorsionan el comercio.

Washington evitó en los últimos informes meter a China en la lista de países manipuladores pese a estas advertencias y las reiteradas acusaciones de Trump en público. El anuncio de este lunes, por tanto, se hizo al margen del informe, lo que muestra cuáles son las intenciones del republicano. Al catalogar a China como país manipulador, puede adoptar acciones sancionadoras específicas en comercio.

China ya fue declarada como país manipulador de la divisa en 1992 y 1994. También lo hizo en el pasado con Corea del Sur y Taiwán. Y hasta ahora, estaba incluida solo en la lista de países “bajo vigilancia”, en la que están también Japón, Corea del Sur, Alemania, Italia, Singapur, Malasia y Vietnam. También se indicó en el último informe que iba a seguir de cerca la situación de Suiza e India, que cayeron del grupo.

El Tesoro de EE UU sigue básicamente tres criterios para determinar que un pais manipula su divisa.

El primero, que tenga un superávit comercial “extremadamente grande”. Se estimó el pasado año en 419.000 millones de dólares (375.178 millones de euros). También sigue la evolución del superávit en la balanza de pagos. Y al mismo tiempo se controlan los movimientos en el tipo de cambio durante seis meses.

Una vez designado un país como manipulador, se pide al Fondo Monetario Internacional que adopte acciones para poner fin a esa distorsión. El organismo debe analizar antes la situación de una forma objetiva. En el último informe sobre el sector exterior publicado hace tres semanas señaló que el dólar estaba sobrevalorado, aunque dijo también que el yuan estaba en línea con los fundamentales.

El FMI indicó que el superávit en la balanza de pagos de China creció ligeramente en 2018, al equivalente de un 1,7% de PIB. La institución financiera incluye así a la economía china entre los países con superávit excesivo, una lista en la que también aparecen Alemania, Corea del Sur, Holanda, Suecia y Singapur. EE UU tiene un déficit excesivo, es decir, pide prestado en exceso.

Lo que está por ver ahora es hasta qué punto el presidente Trump estaría dispuesto en plena furia a intervenir directamente en el mercado de divisas, recurriendo al fondo de estabilización que tiene el Tesoro. Los analistas lo ven en este momento más como un arma retórica y consideran que la calificación del país manipulador refuerza el mensaje de cara a la negociación comercial.

En los últimos años, Europa se ha convertido en el gran exportador del mundo.

(El Confidencial)

No tiene materias primas ni gigantes tecnológicos, pero tiene fábricas. Cuando la economía de la región se hundió, en la grave crisis vivida entre 2008 y 2013, solo la demanda exterior generó un impulso de crecimiento. Y los países lo explotaron volcándose hacia las exportaciones y aplicando el modelo alemán: competitividad y exportaciones.

El resultado es que la eurozona es hoy la región con mayor superávit por cuenta corriente del mundo, por delante de China. En 2018 llegó a superar los 465.000 millones de dólares de beneficios. Una gran inyección de divisas que permitió a la región vivir los meses más felices desde la burbuja inmobiliaria. Hasta que la guerra comercial se cruzó en el camino.

El conflicto entre China y Estados Unidos está teniendo en Europa su principal víctima.

La región, volcada en la demanda externa, ha visto cómo se apagaba su principal motor de crecimiento, quedando así a merced de la débil demanda interna. La mejor evidencia es el deterioro de las previsiones de crecimiento que ha sufrido la región en el último año. El FMI ha recortado su estimación para la eurozona en un tercio, para Alemania en dos tercios y para Italia en un 90% en solo 12 meses. Ninguna gran área mundial ha vivido un parón económico tan grave, y la causa no es otra que la guerra comercial.

El propio presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, lo ha explicado en las últimas reuniones, en las que ha vuelto a poner en marcha los estímulos monetarios ante el frenazo económico. “Las previsiones económicas se están poniendo peor y peor cada día debido a la integración de Europa en las cadenas de montaje, que provoca que [la guerra comercial] se expanda rápidamente”. Solo la demanda interna sostiene ahora la economía europea, porque las exportaciones y, por extensión, la industria están atravesando un gran bache.

Europa alcanzó su mayor superávit por cuenta corriente en el segundo trimestre de 2018, por encima de los 400.000 millones de dólares. Desde entonces, ha descendido más de un 21%, lo que ha frenado la entrada de divisas en la región. Por el contrario, en China han repuntado más de un 45% en los últimos meses después de los malos resultados de 2018. Datos que evidencian a quién está afectando realmente la debilidad del comercio global.

Europa sufre las consecuencias de la guerra comercial por dos vías diferentes. La primera es la alta participación del continente en las cadenas de valor internacionales. Una buena parte de la producción, especialmente de Alemania e Italia, son componentes que utilizan como insumos industrias de otros países.

Esto significa que si el comercio global se debilita y las cadenas de valor se rompen, los más afectados serán precisamente aquellos que tienen mayor superávit exterior.

Este factor explica una buena parte del frenazo que han sufrido Alemania e Italia. El primero tiene su economía estancada y el segundo llegó a caer en recesión a finales de 2018 y apenas se ha recuperado desde entonces. El FMI estima que Italia crecerá apenas un 0,1% y Alemania, un 0,7%, lo que condenará a la eurozona a crecer únicamente un 1,3%.

Los dos protagonistas de la guerra comercial crecerán mucho más que Europa, lo que muestra claramente quién es el verdadero perdedor de esta batalla. El FMI estima un crecimiento de Estados Unidos del 2,6%, el doble que Europa, y para China un 6,2%, casi cinco veces más.

La segunda vía por la cual se contagia la guerra comercial a Europa es la devaluación del yuan. Ante los aranceles del presidente de EEUU, Donald Trump, China respondió con una devaluación de su divisa no vista en décadas. La divisa china cotizaba el lunes por encima de los siete yuanes por dólar, el nivel más bajo en 11 años. El Banco Popular de China fija su tipo de cambio cada día y el lunes decidió rebajarlo hasta 6,9 yuanes por dólar, lo que significa una devaluación en toda regla de la divisa. A última hora de este lunes, el Departamento del Tesoro de EEUU designó a China como país “manipulador de divisas”y amenazó con tomar represalias para acabar con sus “injustas” ventajas competitivas en el marco del FMI, en lo que supone un nuevo golpe al gigante asiático.

La consecuencia inmediata es que las exportaciones europeas hacia China se encarecen y, por el contrario, las exportaciones chinas hacia la eurozona se abaratan. Esto resta competitividad a los productores europeos en el gigante asiático en contra de las fábricas domésticas, cada vez más perfeccionadas.

Estas previsiones del FMI contemplaban una recuperación de la economía europea en la segunda mitad del año bajo la premisa de que la guerra comercial entrara en una fase de tregua. “Se espera que el crecimiento de la eurozona se recupera en lo que queda de año y en 2020, ya que la demanda externa se recuperará y los factores temporales seguirán desvaneciéndose”, señalaba el FMI en su informe de previsiones económicas de julio. Sin embargo, lo que ha ocurrido es justo lo contrario, por lo que es posible que incluso estas estimaciones estén sobrevaloradas.

Los datos adelantados de la industria europea muestran serios problemas en el sector exportador.

El PMI manufacturero alemán (encuestas a gestores de las empresas) dejó en julio la mayor contracción de los pedidos de exportación desde 2009, lo que tiene ya un impacto sobre el empleo en las fábricas.

En Italia, el sector manufacturero suma 10 meses consecutivos de contracción de la actividad. En Francia, la actividad industrial sufrió el mayor descenso en tres años, y en España, la confianza de las empresas en la evolución económica de los próximos 12 meses es la más baja desde abril de 2013.

El PMI indica que toda la industria europea —salvo la griega— está en zona de recesión. Y eso antes de llegar esta nueva ofensiva en la guerra comercial. ¿Qué ocurrirá si las exportaciones siguen cayendo? La fortaleza que ha mostrado el sector servicios hasta ahora cada vez es más débil. El mejor ejemplo está en España: la demanda interna se está viendo resentida por la debilidad de la industria.

Si el consumo doméstico se sigue enfriando y las fábricas reducen sus plantillas, Europa podría enfrentarse a una crisis mucho antes de lo esperado.

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